Al mediodía parece líquido,
pero no,
Sólo está cansado de soportarnos.
Zapatos,
ruedas,
aceite,
prisas,
promesas,
todo termina encima de él.
Los neumáticos dejan una queja breve al doblar la esquina
y una moto se detiene en rojo.
El conductor baja los dos pies y mira al semáforo como si fuera un insulto personal.
Debajo del casco, el sudor le cae por la frente.
Treinta segundos;
A veces la vida consiste en resistir treinta segundos más.
En la obra, un hombre clava una señal junto a un agujero:
ASFALTO CALIENTE
Como si alguien necesitara leerlo.
El aire vibra sobre la calle,
los edificios, al fondo, parecen deformarse.
Tal vez lo hacen.
Tal vez las cosas no permanecen rectas cuando nadie las está mirando.
Un autobús pasa y deja detrás una bocanada de humo caliente.
La parada está llena,
nadie dice nada.
Todos miran en la misma dirección,
a la de su jodido teléfono.
Esperan otro autobús,
otro trabajo,
otro mes,
otra cosa que probablemente llegará tarde.
Por la noche, el asfalto devuelve el calor acumulado,
no olvida nada.
Ha pasado el día guardándolo.
La ciudad duerme encima de una plancha.
Y nosotros, que creíamos haber sobrevivido al sol,
descubrimos que el suelo también sabe guardar rencor.
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