Cada día me siento mejor. Mucho mejor. Me ha dicho que este próximo sábado, en el concierto, lo celebraremos con unas cervezas.
He de aprender a decir que no me gusta especialmente la cerveza…
He de aprender a decir y a callar muchas cosas.

Cada día me siento mejor. Mucho mejor. Me ha dicho que este próximo sábado, en el concierto, lo celebraremos con unas cervezas.
He de aprender a decir que no me gusta especialmente la cerveza…
He de aprender a decir y a callar muchas cosas.
Escrito hace mucho tiempo. Ya no soy ese.
Me gustan los días de lluvía
para lanzar un paraguas rojo a un río
que preferentemente ha de ser el Sena.
Me gusta el tacto del acero y también el de la seda.
Me gusta comer pasteles en la cama.
Escuchar un blues en un garito oscuro.
mejor si es alrededor de la medianoche
Me gustan las historias de piratas.
Mi perro.
Los olores que me traen recuerdos.
Me gustan los atardeceres en Transilvania,
el invierno en Lisboa,
y las habitaciones de hotel en ciudades nuevas.
Que me acaricie la música de un saxo.
Ver pasar trenes.
Llorar de risa.
Me gustan los bares con Guinnes.
Escuchar y que me escuchen.
Me gusta el silencio.
Andar descalzo.
El té helado y las manzanas verdes.
Leer la Odisea debajo de una higuera.
El mar en invierno y la playa en verano.
Mozart y el Heavy Metal.
Resolver acertijos y adentrarme en laberintos.
Me gustan los besos.
Equivocarme.
Las montañas más altas.
Querer y que me quieran.
El olor de la madrugada
y el de la tierra mojada.
Las mujeres con carácter.
Me gusta…
Como todos los días
allí estaba,
sentada en un banco
en el extremo del parque.
Falda jean,
blusa roja,
cabello rojo.
Comiendo pipas,
los restos sobre su falda;
con la mirada perdida
y el gesto ausente.
Me senté a su lado
y sin mirarla
le dije hola.
Hola respondió.
Oscureció y levantándose
se fue.
Y solo dejo los restos
de sus pipas,
a los que envidié
por haber tenido la fortuna
de rozar sus labios.
Hijo, el hombre propone y Dios dispone.
– dijo mi padre-
La única forma de soportar revés tras revés es amando la idea misma de revés. Si se logra, no hay más sorpresas: se es superior a todo lo que ocurre, se es una víctima invencible.
E. M. CIORAN
En un tiempo no podía comprender por qué no recibía respuesta a mi pregunta, hoy no puedo comprender como pude estar engañado hasta el extremo de preguntar. Pero no es que me engañase, preguntaba solamente.
FRANZ KAFKA
Brindo por las mujeres que tuve y nunca amé.
A las que me bebí a lentos sorbos o rápidos tragos.
Las que cada despedida era un para siempre,
aunque nos volviéramos a encontrar.
Brindo por las mujeres que no me hicieron llorar
y a las que nada prometí ni nada me prometieron.
Por ellas, de las que no recuerdo ni su rostro ni su nombre,
pero que existieron.
-Para Jane, con todo el amor que le tuve, que no fue suficiente-
recojo la falda,
recojo el collar negro
que brilla,
eso que una vez tocó
su carne,
y llamo mentiroso a Dios
y afirmo que algo que se moviera
así
o que supiera
mi nombre
no podía morir nunca
con esa certeza inamovible de la muerte,
y recojo
su precioso
vestido,
perdida toda su belleza,
y les hablo a todos los dioses,
dioses judíos, dioses cristianos,
pedacitos de cosas parpadeantes,
ídolos, píldoras, pan,
profundidades, riesgos,
sabia rendición,
ratas en la salsa de dos que se volvieron casi locos,
sin ninguna oportunidad,
sabiduría de colibrí, oportunidad de colibrí,
me inclino sobre eso,
me apoyo en todo eso
y lo sé:
tengo un vestido en mi brazo
pero nada me la devolverá.
CHARLES BUKOWSKI
Debería enviar a la mierda al loquero
y abrazar a la liberadora absenta.
Me engañó -otro más- .
Sus pastillas no me hacen olvidar
lo que por necio perdí.
Mentira.
Tiraré a las ratas sus píldoras de tahúr
y volveré a abrazar la absenta.
Y brindaré con las estrellas y las nubes,
y danzaré por toda la era
mientras cortejo a la muerte.
Para una vez vaciada la botella y vaciado yo,
tumbarme y resollar como un cerdo
esperando el último jadeo.
Dame el corazón que me has quitado, rescátalo del abismo donde tú lo has arrojado… Quiero el alma pura que tenía, y volver a ser el mismo, aquel mismo que has matado…
ENRIQUE LARY