Brindo por las mujeres que tuve y nunca amé.
A las que me bebí a lentos sorbos o rápidos tragos.
Las que cada despedida era un para siempre,
aunque nos volviéramos a encontrar.
Brindo por las mujeres que no me hicieron llorar
y a las que nada prometí ni nada me prometieron.
Por ellas, de las que no recuerdo ni su rostro ni su nombre,
pero que existieron.
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