EL CAMINANTE

  • SESENTAIDOS

    Ayer bajé al infierno.

    Billete de ida y vuelta,

    tan solo por saludar.

    Allí estaban

    el Pono,

    el Duque,

    el Nene,

    sentados en el banco de un parque

    como en el que nos sentábamos

    en la calle de la fuente.

    – Tío, Os Resentidos lo peta.

    Qué dices, pringao? Quienes molan son Ilegales.

    Y como expertos de todo y de nada

    enlazaban los temas del aquí y del allá.

    Pono,

    Duque,

    Nene,

    que mal caballo os descabalgó

    y os hizo inmortales en mis recuerdos.

    A veces, muchas veces,

    me pregunto porqué yo nunca

    me metí en vena el jaco;

    porqué el polvo ocre

    no me quiso de compañero.

    Fin de las visitas.

    Con el billete de vuelta en la mano

    les miro mientras me alejo

    pensando en todo lo que ha ocurrido

    durante los años que he vivido y ellos no.

    Y si alguna vez seré inmortal

    en los recuerdos de alguien.

  • SESENTAIUNO

    FIN DEL 2025

    Sonrío,

    sí,

    sólo puedo sonreír.

    Me amas como nadie

    me ha amado,

    ahora ya lo sé.

    Me buscas y me encuentras

    como nadie ha sabido.

    Tiemblo con el recuerdo,

    el recuerdo de tus ojos en los míos.

    Tus ojos pidiendo más,

    tus manos en mi pecho.

    Tiemplo cuando

    una y otra vez

    te veo despertar.

    Tiemplo de soñarte a mi lado

    cuando la distancia nos separa.

  • SESENTA

    Dime,

    ¿Qué vamos a hacer con todo este amor?

    ¿Dónde puede caber?

    ¿Qué vamos a hacer con tanta dulzura?

    ¿Con tanta necesidad del otro?

    Acariciándote tantas horas,

    como nada,

    sin más,

    sólo por sentir tu piel.

    Acariciándote tantas horas,

    como si nada,

    hablando de cualquier cosa.

    Todo este amor,

    toda esta dulzura,

    todo este cariño,

    que de pronto lo interrumpe

    cualquiera de nuestra dos naturalezas salvajes,

    cualquiera de nuestros lados pasionales.

    Esa pequeña chispa que nos sobra para arder.

    Y ardemos tanto que ya no sabemos

    si estamos en el cielo o en el infierno.

  • CICUENTAINUEVE

    Yo no,

    yo no quiero compartir nada.

    Soy egoísta de ti,

    ávaro de ti,

    nada quiero que sobre.

    Déjame que me empape,

    que me empache.

    Ya aprenderé a dosificar,

    pero para mi.

  • CINCUENTAIOCHO

    Para ti, escribo para ti. Aguantas sobre tus hombros el peso del mundo, de los tuyos y de los otros. Te deleitas con el tormento propio e intentas aliviar el tormento ajeno. Y tanto años masacrándote las carnes y el alma han hecho que nada creas, que pienses que nada mereces ni nada te ganaste, que sólo hundida en la miseria encuentras la cuna que mece tu vida.

    Me equivoqué. Cogí una pala e intenté quitar todo el estiércol que te rodea y te impedía amar y sentirte amada de verdad. Me equivoqué al no entender que te envolvías con él para sentirte protegida, que preferías la sumisión al enfrentamiento. Que eres frágil y que sacrificarías tu vida antes que decir no. Que tus miedos al rechazo te impedían ser libre para a amar a quien quisieras.

    Sigues buscando, pequeña mía. Caerás en las manos del primero que te diga que sí, que haga que te sientas protegida, quizá como caíste en mis manos. Quizá no soy diferente a los demás y abusé de tu fragilidad. Quizá.

    Esperaré tu vuelta. No sé si toda una vida, unas semanas, unas horas o un par de minutos. Llevo esperándote toda la vida, ¿qué importa un poco de tiempo más?

  • CINCUENTAISIETE

    Un solo amor,

    la historia de un amor,

    de dos anónimos para el mundo,

    y de un mundo para dos amantes.

    Me dices que te gusta lo que escribo,

    cómo lo escribo.

    No sabes que fagocito lo que me transmites,

    me llega,

    me entra,

    me inunda.

    Yo tan solo lo percibo,

    lo percibo y lo transformo en palabras.

    Pero no son mías,

    las creas tú.

  • CINCUENTAISEIS

    Tantas veces,

    tantas veces como quiero,

    tantas como me hace falta,

    tantas como deseo.

    Siempre me das todo.

    Son palabras absolutas,

    siempre,

    todo,

    pero las uso porque las siento,

    porque es verdad,

    todavía no he oído un no,

    todavía no ha habido un vez

    que no hayas colmado mis deseos.

  • CINCUENTAICINCO

    Besar,

    besar(se),

    Besar(te),

    es cosa de dos, siempre.

    Me encanta hacerlo.

    La dulzura que me invade

    cuando empiezo a besarte.

    Esos,

    nuestros besos,

    me llevan lejos.

    Esas veces que

    tras un rato de dulzura,

    nos alejamos un poco,

    nos miramos y,

    sí,

    sonreímos los dos.

    Sonreímos con los ojos,

    con los labios,

    con el alma.

    Nos sonríe el amor.

    Otras,

    tantas otras,

    en las que notamos

    como nuestros besos

    traspasan el alma,

    llegan al corazón,

    y de ahí al estómago,

    a las rodillas.

    Y el fuego.

    cuando sentimos

    el roce de nuestros labios,

    éstos nos llevan

    a las pasiones más esenciales,

    a lo más vivo de nuestro ser.

    Directos,

    ya no es fuego,

    es pasión en estado puro.

  • CINCUENTAICUATRO

    Entraré antes que tú.

    Me recostaré en la cama

    y te esperaré.

    Quisiera verte llegar,

    recién de donde sea.

    Que me ignores,

    que sólo me mires.

    Y que lo hagas.

    Me gusta verte hacerlo.

  • CINCUENTAITRES

    Después de cinco años, este fin de semana he visitado Cuenca.

    ¡Para mí sigue siendo un lugar olímpico!