Hijo, el hombre propone y Dios dispone.
– dijo mi padre-
La única forma de soportar revés tras revés es amando la idea misma de revés. Si se logra, no hay más sorpresas: se es superior a todo lo que ocurre, se es una víctima invencible.
E. M. CIORAN
En un tiempo no podía comprender por qué no recibía respuesta a mi pregunta, hoy no puedo comprender como pude estar engañado hasta el extremo de preguntar. Pero no es que me engañase, preguntaba solamente.
FRANZ KAFKA
Brindo por las mujeres que tuve y nunca amé.
A las que me bebí a lentos sorbos o rápidos tragos.
Las que cada despedida era un para siempre,
aunque nos volviéramos a encontrar.
Brindo por las mujeres que no me hicieron llorar
y a las que nada prometí ni nada me prometieron.
Por ellas, de las que no recuerdo ni su rostro ni su nombre,
pero que existieron.
-Para Jane, con todo el amor que le tuve, que no fue suficiente-
recojo la falda,
recojo el collar negro
que brilla,
eso que una vez tocó
su carne,
y llamo mentiroso a Dios
y afirmo que algo que se moviera
así
o que supiera
mi nombre
no podía morir nunca
con esa certeza inamovible de la muerte,
y recojo
su precioso
vestido,
perdida toda su belleza,
y les hablo a todos los dioses,
dioses judíos, dioses cristianos,
pedacitos de cosas parpadeantes,
ídolos, píldoras, pan,
profundidades, riesgos,
sabia rendición,
ratas en la salsa de dos que se volvieron casi locos,
sin ninguna oportunidad,
sabiduría de colibrí, oportunidad de colibrí,
me inclino sobre eso,
me apoyo en todo eso
y lo sé:
tengo un vestido en mi brazo
pero nada me la devolverá.
CHARLES BUKOWSKI
Debería enviar a la mierda al loquero
y abrazar a la liberadora absenta.
Me engañó -otro más- .
Sus pastillas no me hacen olvidar
lo que por necio perdí.
Mentira.
Tiraré a las ratas sus píldoras de tahúr
y volveré a abrazar la absenta.
Y brindaré con las estrellas y las nubes,
y danzaré por toda la era
mientras cortejo a la muerte.
Para una vez vaciada la botella y vaciado yo,
tumbarme y resollar como un cerdo
esperando el último jadeo.
Dame el corazón que me has quitado, rescátalo del abismo donde tú lo has arrojado… Quiero el alma pura que tenía, y volver a ser el mismo, aquel mismo que has matado…
ENRIQUE LARY
El sueño apagará la luz de mi consciencia.
Y precisamente ése será el otro de los medios
con el que cuento para no tener que ver,
durante algunas horas más,
el reflejo de mi existencia.
Pero para sus adentros añadió lo siguiente: Franz es fuerte, pero su fuerza se dirige sólo hacia fuera. Con respecto a las personas con las que vive, a las que quiere, es débil. La debilidad de Franz se llama bondad. Franz nunca podría darle órdenes a Sabina. No le mandaría, como en tiempos hizo Tomás, que coloque un espejo en el suelo y ande encima de él desnuda. No es que le falte sensualidad, pero le falta fuerza para mandar. Hay cosas que sólo pueden hacerse con violencia. El amor físico es impensable sin violencia.
Sabina miraba a Franz que caminaba por la habitación con la silla levantada, aquello le parecía grotesco y la llenaba de una extraña tristeza.
Franz dejó la silla en el suelo y se sentó en ella mirando a Sabina.
—No es que no me agrade ser fuerte —dijo—, pero ¿para qué necesito estos músculos en Ginebra? Los llevo como un adorno. Como unas plumas de pavo real. En la vida me he peleado con nadie.
Sabina continuó con su meditación melancólica: ¿Y si tuviera un hombre que le diera órdenes? ¿Alguien que quisiera ser su amo? ¿Cuánto tiempo iba a aguantarlo? ¡Ni siquiera cinco minutos! De lo cual se deduce que no hay hombre que le vaya bien. Ni fuerte ni débil. Dijo:
—¿Y por qué no utilizas nunca tu fuerza contra mí?
—Porque amar significa renunciar a la fuerza —dijo Franz con suavidad.
Sabina se dio cuenta de dos cosas: en primer lugar, de que aquella frase era hermosa y cierta. En segundo lugar, de que, al pronunciarla, Franz quedaba descalificado para su vida erótica.
MILAN KUNDERA
Me voy, es sábado y tan solo son las 0:44;
hay lugares donde comienza la noche.
Quiero perder la vida en la barra de un bar
bebiendo la tragedia que supone un para siempre,
esconder mis cicatrices
a un mundo que juzga mis incongruencias,
deambular por las calles como único horizonte…
Rodar, rodar, rodar.