CINCUENTAIOCHO

Para ti, escribo para ti. Aguantas sobre tus hombros el peso del mundo, de los tuyos y de los otros. Te deleitas con el tormento propio e intentas aliviar el tormento ajeno. Y tanto años masacrándote las carnes y el alma han hecho que nada creas, que pienses que nada mereces ni nada te ganaste, que sólo hundida en la miseria encuentras la cuna que mece tu vida.

Me equivoqué. Cogí una pala e intenté quitar todo el estiércol que te rodea y te impedía amar y sentirte amada de verdad. Me equivoqué al no entender que te envolvías con él para sentirte protegida, que preferías la sumisión al enfrentamiento. Que eres frágil y que sacrificarías tu vida antes que decir no. Que tus miedos al rechazo te impedían ser libre para a amar a quien quisieras.

Sigues buscando, pequeña mía. Caerás en las manos del primero que te diga que sí, que haga que te sientas protegida, quizá como caíste en mis manos. Quizá no soy diferente a los demás y abusé de tu fragilidad. Quizá.

Esperaré tu vuelta. No sé si toda una vida, unas semanas, unas horas o un par de minutos. Llevo esperándote toda la vida, ¿qué importa un poco de tiempo más?

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