Nada me retuvo. Me liberé y fui.
Hacia placeres que estaban
tanto en la realidad como en mi ser,
a través de la noche iluminada.
Y bebí un vino fuerte, como
sólo los audaces beben el placer.
KAVAFIS
Y pasó la noche y acabó el placer.
Llegó el día, un día como el de ayer.
Y llegará otro día, y más días
hasta el final de tu vida.
Tan sólo te queda el ardor del vino,
un ardor que siempre te acompañará.
No vistas de épica beber ese vino fuerte
si antes no dijiste adiós.
Está servido en la copa
de la mentira y la traición.
Condenada por los siglos de los siglos,
por no saber que la audacia no
se sostiene sobre la traición.
Los audaces nunca atacaron por la espalda
al confiado; los audaces van de frente.
Condenada por los siglos de los siglos,
amén.
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