TREINTAISIETE

A veces cierro los ojos y lo veo.

Tú, tumbada en tu cama.

El rostro hacia un lado,

los brazos subidos,

rodeando tu cabeza.

Tu vientre aún tiembla,

recuerdo de un momento intenso.

Tus piernas,

una extendida,

la otra como flexionada.


Me siento y no dejo de observarte.

Te vuelves,

me miras como tú solo sabes hacerlo

y me sonríes.

Te acaricio,

y vuelves a sonreir.

Y yo también sonrío.

No puedo dejar de mirarte.

Me sorprende tu sexo,

tan bello,

aún húmedo por la batalla.

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