TREINTAICUATRO


Era una calle empinada, de amplia acera. El esfuerzo, tras un buen paseo, se hacía de notar, pesando en mis piernas todos los metros y metros recorridos. Y el pensamiento de mis piernas me llevó a las tuyas. Empecé a imaginarlas… Tersas y duras por la caminata. Esforzadas… Incluso me gustaba pensar que estaban subidas de color y levemente sudadas. Me puse. Me pusiste. Y mi mano buscó la tuya y entrelacé mis dedos con los tuyos. Y me pusiste más. Más aún.

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