TREINTAIDOS

Hoy me hubiese gustado
que despertara antes que yo,
que me hubiera imaginado
que una sonrisa
se hubiera dibujado en su rostro.
Que se hubiese girado lentamente,
que hubiese apoyado su codo sobre la cama
y su cabeza sobre su mano.
Y que, sin dejar de mirarme,
hubiese dibujado mi contorno con su índice,
mirando hacia ninguna parte.
En ese momento yo sabría que debo conocerla.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *