Camino olvidado 2. La precuela

07 de septiembre, 2022 - General - Comentarios -

Parece que los astros se alinean y que este verano voy a poder hacer un nuevo tramo del Camino Olvidado. Pero en lugar de seguir donde lo deje, me conviene empezar más atrás, y así además me hago la ilusión de que el tiempo retrocede y de que soy un año más joven. Calculo pues los días que tengo y decido* salir de Espinosa de los Monteros, con el objetivo de llegar, el sexto día, a Guardo, donde empecé el año pasado.

1. 1. De Espinosa de los Monteros a Pedrosa de Valdeporres

Piscinas naturales en el río Trueba

Primer día. Después de dejar a los niños y al perro a buen recaudo se nos ha hecho un poco tarde. Además hace bastante calor. Según nuestra página web de referencia*, la etapa tiene 25 kilómetros.  Nos planteamos salir desde algún sitio intermedio, pero finalmente nos lanzamos a hacer el recorrido completo. Cuando por fin aparcamos el coche en Espinosa son más de las dos y media de la tarde. Allá vamos. 

  El recorrido es agradable si no fuera por el calor. Lo primero que nos encontramos es una atrayente piscina natural en el curso del río Trueba, que habría estado fenomenal para el final de la etapa. Vamos todo el rato por pistas paralelas a la carretera, primero a pleno sol, luego afortunadamente vamos entrando en zonas más umbrías con gran variedad de árboles con predominio de los robles.

Hacia la izquierda se ven los llamativos anticlinales calizos, por cuyo interior se extiende el complejo kárstico de Ojo Guareña. Finalmente entramos en Quintanilla del Rebollar, un pueblo muy vistoso con una preciosa fuente y unas sobredimensionadas instalaciones que acogen el centro de interpretación de las cuevas. En teoría llevamos poco más de la tercera parte del recorrido y ya estamos bastante cansados. 

  Desde allí vamos paralelos a la vía de tren de la Robla*** siguiendo una senda que serpentea por el bosque dando continuos rodeos para salvar los taludes. A pesar de ir por sombra sigue haciendo bastante calor y avanzamos envueltos en una nube de mosquitos. En Quisicedo hacemos una pausa para descansar y reponer fuerzas, pero no podemos parar mucho, pues empieza a preocuparnos la idea de que se nos haga de noche por el camino.

Entrando en Quintanilla del Rebollar

Recuerdo de otoño en el cemento

A partir de aquí el camino se ensancha y se hace más llevadero, pero todavía recorremos un largo trecho hasta cruzar las vías del tren en la estación de Sotoscueva. Desde allí, con algunos cortos tramos de carretera, vamos bordeando las quebradas que esconden al otro lado los impresionantes canales del Dulla, y enfilamos en dirección sur. A pesar del cansancio es imposible no quedarse extasiado por la grandiosidad del paisaje. Nos queda internarnos unos kilómetros por un sendero sombrío que discurre unos metros por debajo del terreno circundante y que a veces resulta bastante impracticable por la gran cantidad de piedras (seguramente en época de lluvias se convierte en una especie de torrente) y que nos deja en San Martín de Valdeporres. Desde allí ya sólo quedan dos o tres kilómetros. Son las 9.30 cuando llegamos a nuestro destino**** derrengados. Demasiado para el primer día (luego vemos que en otra página cifran en 31 kilómetros la longitud de la etapa). Mi acompañante además llegará con unas ampollas que le molestarán todo el viaje.

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* En realidad sería mejor decir “decidimos”, pues la gran diferencia es que este año no viajo solo, sino con mi mujercita, lo cual obviamente es mucho más agradable, pero diferente. Vamos a dejarlo ahí. Hemos aparcado a los niños en un campamento de música por esta zona, y ésta es la razón de que hayamos decidido hacer esta parte del camino. 

  ** https://www.caminoolvidado.com/ 

  *** Mítica línea ferroviaria de la que tanto oí hablar en mi infancia. Este tren es nuestra referencia. Nos va acompañando desde Bilbao a La Robla y es también nuestra vía de escape teniendo en cuenta la dificultad de encontrar alojamientos en buena parte del recorrido (siempre queda la opción de acercarnos a alguna estación y coger el tren de vuelta). 

  **** Habíamos reservado una habitación en el Hotel rural La Engaña. Un gran acierto: una preciosa casa antigua rehabilitada con muchísimo gusto y unos propietarios encantadores. Altamente recomendable.

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Niños jugando en la fuente de Quintanilla del Rebollar

Roble iluminado por la luz del atardecer

2. De Pedrosa de Valdeporres a Cilleruelo de Bezana

Subida a Argomedo

Hoy tenemos pensado llegar hasta Cilleruelo de Bezana, ya que no hemos encontrado alojamiento en Arija, que era en principio el final de esta etapa. De este modo compensamos también la paliza de ayer con un trayecto más corto.

Salimos pues de Pedrosa y entramos, sin solución de continuidad en Santelices, donde nos encontramos con lo que queda de la frustrada línea férrea Santander-Mediterráneo, ahora convertida en vía verde. La seguimos durante un trecho y luego nos salimos a la derecha y emprendemos una larga subida bastante pronunciada por una pista bordeada por robles que nos llevará hasta Argomedo después de atravesar también un bonito hayedo.

Desde allí emprendemos una bajada, también con bastante pendiente, pasando por un precioso a la par que tenebroso túnel formado por enormes avellanos. Más adelante el paisaje se abre, y después de una suave subida llegamos a Soncillo, importante cruce de caminos, donde destacan las casas con galerías típicas de esta zona y donde se pueden encontrar buenos locales para reponer fuerzas (cosa que nosotros no hicimos por falta de paciencia). 

Desde allí el camino transcurre por carretera durante un  buen trecho para luego meterse por una pista a la izquierda que atravesando pastos y campos de cereal nos lleva hasta el pueblo de Virtus, donde se puede admirar (desde fuera, ya que es privado) el castillo de los Porres y también bonitas casonas de piedra.

Bajo los avellanos
Hacia Soncillo

En Virtus nos sentamos un rato a merendar en un banco protegido de un viento algo desapacible (afortunadamente hoy el día ha sido más fresco que ayer). Nos congratulamos del hecho de que la etapa de hoy vaya a ser más corta, ya que notamos el cansancio acumulado.

Desde allí nos quedan todavía un par de kilómetros hasta nuestro destino, que se nos hacen largos, ya que el tramo es mayormente de subida. Llegamos bastante pronto y nos da tiempo a asearnos y a dar una vuelta por el pueblo, que la verdad es que no tiene mucho que ver. Tampoco el lugar donde nos alojamos se parece en nada al que pudimos disfrutar el día anterior.

Para la siguiente etapa encontramos un alojamiento interesante en Arroyo, pero la amable dueña nos convence de que la distancia desde allí hasta Olea no es tan grande,  ya que, nos explica, se  puede atajar por el monte. De este modo compensaríamos el retraso del día de hoy.

Campos de cereal y pastos camino de Virtus
Caserío de Virtus

3. De Cilleruelo de Bezana a Olea

Saliendo de Cilleruelo con el cielo al alcance de la mano

Nos levantamos con llovizna y nubes bajas, pero buena temperatura. Después de tomar un café en el único bar abierto del pueblo, emprendemos la marcha. Por delante un buen tramo por carretera, pero animado por un bonito paisaje de praderías y una hermosa luz para hacer fotos. En Villamediana de San Román cogemos una pista que nos llevará hasta Herbosa. Aquí nos desprendemos ya del chubasquero. Cruzamos el pueblo y seguimos por un camino, al fondo del cual se divisa una bonita ermita.

Seguimos por caminos entre prados, atravesando todavía algún pueblo más, y por fin llegamos a Arija, que debería haber sido el final de la etapa de ayer.

En Arija paramos un poco para comprar algunas cosas y tomar un refrigerio. Nos topamos con los primeros compañeros de viaje (aunque el día anterior en Virtus ya habíamos visto un probable peregrino ciclista). Vienen de Bilbao con tienda de campaña, y se les ha mojado todo por la noche, así que se van a tomar un día de descanso. No volveremos a encontrar más peregrinos en todo el viaje.

En Arija, y ya con el sol pegando (aunque afortunadamente no hace demasiado calor), cogemos la carretera, por la que llegaremos, después de muchos kilómetros, y siempre con la vista del embalse a nuestra derecha, a Arroyo, donde se localiza la presa. Allí nos dirigimos a la Posada la Lobera, donde deberíamos haber pasado la noche, para que la amable propietaria nos encamine por el famoso "camino del monte". 

Mañana fresca caminando entre prados
Bajando hacia la luz camino de Cervatos

LLevamos ya 22,5 km de camino, y según nuestras informaciones, nos quedan todavía 19,4 hasta nuestro destino. Puede que por la famosa ruta alternativa (no tan alternativa, pues el comienzo está marcado) nos ahorremos 4 o 5, no más (a cambio de un mayor desnivel). Nos perdemos Retortillo, con su bonita iglesia, y las ruinas de Juliobriga (no nos importa demasiado porque estuvimos allí hace no mucho), y a cambio disfrutamos de una buena subida (que nos ofrece, eso sí, unas bonitas vistas de la zona del embalse), y después de un estimulante camino bajo una espesa niebla y un viento ensordecedor. De vez en cuando las nubes se abren y nos dejan ver algún retazo de lo que hay por abajo.

Luego empezamos a bajar y llegamos poco a poco por debajo de la capa de nubes. Más adelante comienza un descenso más abrupto que nos llevará hasta Cervatos.

Allí tenemos la suerte de encontrarnos con una visita guiada de la Colegiata, famosa sobre todo por sus canecillos con representaciones de carácter erótico (o mejor sería decir "escabroso"). De cualquier manera, sin duda, uno de los grandes hitos de este camino olvidado.

Es ya bastante tarde, pero aún nos queda un buen trecho. Después de cruzar la autovía por una paso elevado, el camino atraviesa un bonito hayedo, y sigue ascendiendo buscando la carretera que lleva a Olea. En los últimos kilómetros se acumula el cansancio y la mala leche: deficiente señalización, caminos cerrados... Cuando por fin llegamos al alojamiento casi es de noche. El sitio no es nada del otro mundo, pero el dueño es muy amable y nos trae unas patatas y unos huevos de sus gallinas para que podamos cenar algo caliente. Lastima que le haya dado por lavarlos y algunos han cogido sabor a detergente.

La ventana más famosa
¿A dónde irá esa gente?
Embalse del Ebro, vista panorámica
Cervatos desde arriba
Colegiata de Cervatos. Portada

4. De Olea a Aguilar de Campóo

Zona de menhires cerca de Casasola

De Olea salimos ya con el sol bastante alto y el cielo despejado. Todavía se respira cierto frescor, pero me temo que no durará mucho. Caminos anchos entre prados y campos de cereal jalonados de colinas verdes. 

Después de dejar Casasola, con su puente romano, salimos a la carretera, que abandonamos durante más adelante para almorzar y ver alguno de los numerosos menhires que abundan por la zona.

Se alternan tramos de carretera con otros de caminos, y vamos atravesando bonitos pueblos, cado uno de ellos con algo interesante que ofrecer (un gran palacio de piedra rojiza en Las Henestrosas, una bonita iglesia o ermita solitaria cerca de Bercedo...).

Paramos de nuevo un rato en Cuena, otro bonito pueblo, el último de Cantabria. Si bien la etapa de hoy no tiene ninguna dificultad, el calor y el cansancio acumulado del día interior se hacen sentir. Después de salir del pueblo, y tras una ligera subida, se abre ante nosotros un paisaje maravilloso y prometedor con las montañas azules al fondo, entre las cuales creo adivinar la silueta inconfundible del Curavacas.

Llegamos, cruzando una vía abandonada y un antiguo puente romano, a un área de descanso donde se destaca la importancia de la antigua calzada romana entre Pisoraca (Herrera de Pisuerga) y Portus Blendium (Suances). Desde allí de nuevo tramos de pista y otros de carretera entre campos de cereales hasta Grijera. 

Impresionante palacio en  Las Henestrosas
Ermita románica cerca de Bercedo

Afortunadamente queda ya poco hasta nuestro destino, aunque la ruta va haciendo quiebros extraños que hacen que el camino se alargue. Aún así, el recorrido resultará productivo desde el punto de vista fotográfico. Cuando ya vemos al fondo el castillo de Aguilar, cambiamos de dirección y vamos dando un rodeo para entrar en el pueblo por la zona fabril.

Todavía tenemos algo de camino, ya que el alojamiento que hemos encontrado está dentro del polígono industrial. Aunque llegamos agotados, después del aseo y tras reponer fuerzas en el restaurante del hotel, aún encontramos energía para volver de nuevo hasta el pueblo y dar una vuelta por su casco histórico, que volveremos a cruzar el día siguiente. Sin duda el lugar habría merecido una parada más prolongada.


Ganando altura y perspectiva a la salida de Cuena
Visión mágica de las montañas al fondo
De donde las galletas
Llegando a Aguilar entre amarillos y ocres

5. De Aguilar de Campóo a Cervera de Pisuerga

Calles de Corvio

Saliendo de la población pasamos por el Monasterio de Santa María la Real (no tenemos tiempo para esperar a que lo abran para las visitas), y después de recorrer el Paseo de los Cinco Caños, subimos hasta lo alto de la presa del embalse de Aguilar. Desde allí el camino sigue  entre pinos con la vista de las montañas al fondo. La cosa empieza bien.

En un momento dado nos alejamos del pantano en dirección a Corvio, donde son muy dignas de admirar la pequeña iglesia románica y, ya a la salida del pueblo, la necrópolis de Santiuste. Desde aquí el camino va ascendiendo y la visión se va ampliando. Seguimos caminando ahora en sentido descendente hacia Matamorisca, de nuevo con la visión de las montañas al fondo cada vez más presentes.

Atravesamos el pueblo y continuamos por una pista paralela a la carretera, de la que se separa más adelante para subir hacia un pinar. A partir de aquí, la visión del ondulado camino con las montañas al fondo y el cielo azul con sus alargadas nubes conforma una imagen que quedará en la retina

El largo camino se alarga aún más por las frecuentes paradas para admirar la vista y plasmarla en fotos. Finalmente entro dando un rodeo en Salinas de Pisuerga, donde mi compañera me espera ya desde hace un tiempo en una terraza. El día está siendo caluroso y se impone un descanso merecido.

A partir de aquí comienza la segunda parte de esta etapa, que consiste básicamente en seguir el curso del río, atravesando choperas, tierras de labor, explotaciones ganaderas y algunos pueblos. Las montañas aparecen de nuevo a veces en la lejanía , pero ahora, extrañamente, parece que estuvieran más lejos.

Chopera a orillas del Pisuerga
Necrópolis de San Vicente o Cueva de los Moros

Ya muy cerca del final de la etapa nos detenemos para visitar el eremitorio rupestre de San Vicente, otro testimonio de la actividad eremítica que hubo en estas tierras del norte de la Meseta en los primeros siglos de la Edad Media, también con su necrópolis anexa.

Y por fin llegamos a Cervera, cansados como siempre, pero con los ojos llenos de las hermosas imágenes que hemos disfrutado hoy, y ansiosos de ver lo que nos deparará el día siguiente. Ya soñamos también con poder hacer en otra ocasión la ruta que cruza por aquí camino de Santo Toribio de Liébana.

Hemos tenido la suerte de encontrar un alojamiento céntrico y bastante económico*, y sin embargo bien arreglado y acogedor, así que tenemos unas horas para disfrutar de este bonito pueblo norteño y, como no, de degustar su gastronomía.

* Hostal El Resbalón
Prado florido a la salida de Aguilar
Necrópolis de Santiuste
Entrando en Matamorisca
Camino por las nubes

6. De Cervera de Pisuerga a Villaverde 

Cruzando la vía hacia las peñas

El título de este capítulo debería haber sido "De Cervera a Guardo", pero ya sabíamos desde el principio que no llegaríamos a nuestro destino inicial. Son prácticamente 40 km, y además deberíamos estar en Guardo sobre las cuatro de la tarde para coger el tren a Espinosa, ya que al día siguiente por la mañana tenemos que hacernos cargo de nuestros niños. Así que teniendo en cuenta que hay varias estaciones a lo largo de la etapa, contamos con llegar donde podamos teniendo en cuenta el horario de paso del tren.

El día no comienza muy bien. Con el fin de evitar la carretera la ruta comienza retrocediendo en dirección a Vado, y en un momento dado se mete a la derecha por una senda que casi no se ve, estrecha y muy cerrada por la maleza; más adelante nos encontramos el camino cerrado en un par de ocasiones por los ganaderos (se impone llevar una cizalla en la mochila), las indicaciones no son muy buenas... 

Por fin cruzamos la carretera y ascendemos durante un trecho por una pista para seguir después por un camino muy agradable que, entre bosques de robles, nos lleva hasta Cantoral de la Peña. A partir de aquí la visión se ensancha, y cruzando tierras de labor entramos en Cubillo de Castrejón. A la salida del pueblo tomamos un camino a la derecha que cruza de nuevo la vía de tren. Ahora tenemos las peñas de las que los pueblos de la zona toman su cognomen frente a nosotros. El día es perfecto: claro y luminoso, pero con el cielo cuajado de blancas nubes.

Al poco llegamos a Traspeña de la Peña, un pequeño pueblo que nos depara, sin embargo, varias sorpresas. Primero un hermoso crucero, y un poco más adelante una preciosa iglesia de transición del románico al gótico llena de maravillas, entre ellas una portada con magníficas esculturas. 

Calles de Traspeña
Portada de la iglesia de Traspeña

Allí nos encontramos además con una pareja encantadora. Él es artista, y ella explica los pormenores de la construcción. Se ve que sabe de lo que habla, y además lo hace con mucha dulzura y expresividad. En el interior suena música clásica. En fin, un momento irreptetible en el que confluyen la belleza del paisaje almacenada en la retina, la emoción que transmite el arte y la hermosura de las almas bellas. 

Los chicos nos invitan a parar allí a descansar un rato, pero me da miedo que el hechizo se rompa y, con la escusa de las prisas nos ponemos de nuevo en camino. Paramos en el siguiente pueblo, Villlanueva de la Peña, y allí almorzamos junto a una bonita iglesia o ermita situada en lo alto del pueblo. 


Hacemos cálculos. Decidimos coger el tren en Villaverde, ya que para llegar más lejos andamos muy justos. Reemprendemos pues el camino, ya un con el corazón algo triste de saber que toca a su fin, y apurando el gozo de la luz de este día fantástico con la compañía de la montañas a nuestra derecha. 

Llegamos con tiempo a la estación. Nos queda aún una experiencia extraordinaria: desandar el camino recorrido a lomos del tren, volviendo a ver algunos lugares por los que pasamos y descubriendo otros que quedaron fuera del camino.

Y nos conjuramos para hacer la parte de esta etapa que no hemos acabado en algún momento, y, como no, para volver cuando tengamos tiempo al camino.

Vista desde la ermita de Villanueva de la Peña
Hacia Traspeña: otro regalo del camino
Crucero de Traspeña
Colofón para el día más hermoso
Aquí acaba nuestro periplo
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